De la memoria de sostenibilidad al reporting CSRD: qué cambia de verdad
Publicado: 14 de septiembre de 2026
Durante años, muchas empresas han preparado su informe de sostenibilidad como una forma de contar lo que estaban haciendo: proyectos ambientales, iniciativas con personas, avances en igualdad, reducción de consumos, acciones con proveedores o compromisos de futuro. Ese tipo de memoria podía tener mucho valor, pero también dejaba bastante libertad. Con la CSRD, el enfoque cambia. Ya no se trata solo de explicar la sostenibilidad de una empresa de forma ordenada, sino de demostrar mejor qué impactos tiene, qué riesgos asume, qué objetivos persigue y con qué datos puede sostener lo que cuenta.
Menos relato y más estructura
El cambio no está en escribir más páginas ni en llenar el documento de siglas. Está en pasar de una comunicación más voluntaria a un reporting ESG con reglas, criterios y mayor trazabilidad. Las empresas sujetas a la CSRD deben reportar conforme a los ESRS, las normas europeas de información sobre sostenibilidad, tal y como recoge la Comisión Europea. Esto obliga a ordenar mejor políticas, acciones, objetivos, métricas, responsabilidades y resultados. Dicho de otra forma: no basta con decir que algo se está haciendo; hay que poder explicar cómo, con qué alcance y con qué evidencia.
Datos que se puedan seguir
En una memoria tradicional podía aparecer una frase como “hemos reducido nuestro impacto ambiental” o “seguimos avanzando en compras responsables”. En el nuevo escenario, ese tipo de afirmaciones necesita apoyarse en datos ESG, indicadores comparables y documentos que permitan seguir el rastro. ¿Qué se ha medido? ¿Quién lo ha calculado? ¿Qué periodo cubre? ¿Se mantiene el mismo criterio que el año anterior? ¿Dónde están las evidencias? EFRAG, que trabaja en el desarrollo y aplicación de los estándares europeos, reúne recursos sobre sustainability reporting orientados a que la información de sostenibilidad sea más clara, estructurada y verificable.
La doble materialidad también cambia la forma de preparar el informe. Ayuda a decidir qué asuntos deben entrar porque son relevantes por su impacto en las personas o el medioambiente, o porque pueden afectar financieramente a la empresa. Esto evita que el reporting se convierta en una colección de temas bonitos pero poco conectados con la realidad del negocio. Un buen informe debería explicar qué asuntos importan de verdad, por qué importan, qué se está haciendo y cómo se van a medir los avances.
Visto desde dentro, el cambio es muy práctico. Los datos ya no pueden estar repartidos entre correos, hojas de cálculo, carpetas compartidas y personas que “más o menos saben dónde está todo”. La sostenibilidad empresarial necesita más orden: responsables claros, criterios estables, indicadores revisados y una mínima gobernanza del dato. Preparar un informe CSRD exige precisamente esa base: información trazable, asuntos materiales bien definidos y datos que puedan revisarse con criterio. GRI explica que sus estándares ayudan a reportar impactos económicos, ambientales y sociales de forma comparable y creíble: GRI Standards. En el fondo, la CSRD no pide escribir más sobre sostenibilidad, sino contar menos cosas sin base y demostrar mejor aquello que la empresa realmente hace, mide y puede sostener con datos.