Centros de datos: la sostenibilidad digital también se mide en agua y energía
Publicado: 25 de septiembre de 2026
Durante años, hablar de digitalización ha sonado casi siempre a eficiencia: menos papel, menos desplazamientos, procesos más rápidos y mejor información. Todo eso puede ser cierto, pero la tecnología también tiene una parte física que no siempre se ve. Detrás de los servicios cloud, las plataformas corporativas, el almacenamiento de datos o las herramientas de trabajo diario hay centros de datos que consumen electricidad, necesitan refrigeración y, en determinados casos, también agua. La Comisión Europea ha lanzado una consulta pública sobre estándares mínimos de rendimiento para centros de datos y trabaja en un sistema europeo de información y etiquetado para mejorar la transparencia sobre su eficiencia energética e hídrica: Comisión Europea — Energy performance of data centres.
Preguntar también a los proveedores tecnológicos
Para muchas empresas, este tema puede parecer lejano porque no tienen centros de datos propios. Sin embargo, casi todas dependen de proveedores tecnológicos: nube, software, copias de seguridad, plataformas de clientes, ciberseguridad o herramientas internas. Por eso, la sostenibilidad empresarial también empieza a mirar qué hay detrás de esos servicios. No se trata de dejar de usar tecnología, sino de contratar y utilizar mejor: preguntar por el uso de energía renovable, la eficiencia energética, la ubicación de los centros de datos, la gestión del agua, el posible estrés hídrico de la zona o la reutilización de calor residual. La Agencia Internacional de la Energía recoge que los centros de datos y las redes de transmisión forman parte de la infraestructura energética que sostiene la actividad digital actual: IEA — Data centres and data transmission networks.
También hay decisiones internas que cuentan. Una empresa puede revisar cuánto almacenamiento conserva, si mantiene datos duplicados, qué políticas de archivo aplica, qué herramientas usa sin demasiado criterio o qué información ambiental puede pedir a sus proveedores tecnológicos. La digitalización puede ayudar a reducir desplazamientos, mejorar procesos y ordenar datos, pero también tiene una huella física. Por eso, la gestión ambiental, la huella de carbono, la huella hídrica y el reporting ESG empiezan a mirar más allá de oficinas, vehículos o consumos directos. Una estrategia de sostenibilidad tiene más sentido cuando incorpora estas dependencias digitales: energía, agua, datos, proveedores y continuidad de negocio.